Lo incierto, lo nuevo, lo triste, lo feliz, la alegría, la ansiedad, la curiosidad, las ganas, los miedos, lo que está en crecimiento, lo que se está alejando, tu voz, tus manos, tu paz… tantas realidades coexisten simultáneamente en la vida, tantos matices de particularidades infinitas, cada uno con su propia historia y línea temporal, cada uno con un tratamiento único, cada uno irrepetible e impostergable. Vivir, avanzar, elegir entre cada uno de esos matices y optar por seguir uno de esos caminos inevitablemente nos hace perder instantes de los otros. Cada elección implica el rechazo de miles de otras decisiones y a cada instante estamos haciendo esas elecciones.
Una vida que llega, un futuro que se construye, una vida que lucha, una planta que crece… quisiera no perderme ninguno de esos minutos y vivir todas esas realidades paralelas destinándoles un espacio propio, brindando mi tiempo en forma única, regalándole a cada ser que amo toda la atención que dispongo, todo mi tiempo.
¿Es posible continuar tomando las decisiones correctas? ¿Existe el concepto de “correcto” e “incorrecto” cuándo se trata de la vida?
Me sonrío solo pensando en la insistencia de pensamiento, la tozudez de querer resolver todo en mi cabeza para después trasladarlo al mundo. Es que no quiero simplemente esforzarme por hacer lo mejor, quiero que eso sea un hecho.
El futuro es un dilema tramposo que nos hace creer que es posible condicionarlo, pero el mundo tiene sus propios planes y transitar, al igual que vivir, tiene que ver más con adaptarse el entorno que a seguir un mapa. Vivir es avanzar con un mapa en constante cambio, de forma tal que cuándo volvemos a mirar la ruta que trazamos atraviesa, por momentos, lugares imposibles. Lo único cierto son los objetivos, los ideales, las metas, las personas; mientras mantengamos eso inalterable y coherente con nuestra alma el camino siempre será el correcto independientemente de los cambios que experimente.
Por momentos tiendo a pensar demasiado… es un vicio, una vaga sensación de seguridad, una ruta que dura unos instantes… sin embargo esos momentos se van diluyendo en la medida que tu aroma, tu sonrisa y tu cuerpo impregnan mi espacio de un aire nuevo y perpetuo.
Pienso en mi hijo, en mi princesa, en mi abuela, en mi sobrina, en mi familia, en mis amigos, en todas las personas que a su vez se enlazan con aquellos que amo, en todas las vidas que se están viviendo simultáneamente, en todos los momentos que se están acumulando, en todas las necesidades que se están generando…
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